Negrito

Tengo un amigo maravilloso que una vez me hizo llorar porque se iba a vivir en Colombia . Sabía que iba a morir de nostalgia , pero también sabía que grandes cosas quedaban por delante . En la carrera de la vida, yo no lo pude reencontrar hasta el día de su boda. Sí, fue en Bogotá que este amigo encontró a la mujer de su vida. Una delgada y bellísima ecuatoriana , que todo el mundo decía ser una persona dulce . Bueno, amiga sobreprotectora que soy, creerlo solo viendo. Luego, durante la ceremonia, con mariposas en el estómago por la mezcla de alegría y ansiedad, fué que yo la vi y escuché por primera vez . Mirando al interior de los ojos de mi amigo tan querido , ella dijo : "mi negro , mi negrito , te amo". Y así, la dulce ecuatoriana me ganó también a mi corazón. Lo curioso es que este amigo mío es un blanquito super alto, que cuenta con más de 2 metros de altura . Pero a los ojos tiernos del amor, él puede ser " negro, negrito". 

Les dije que era una historia de amor.

​​La "Brigaderera"

​​​​​​​Brigadeiros

brigadero.
1. m. Paisano que sirve en las brigadas de acémilas contratadas para el ejército de campaña.
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No hay ninguna palabra en cualquier idioma a traducir o definir el brigadeiro, ya que no es una trufa , no es un fudge y no es un bombón . Es simplemente Brigadeiro, y sólo él lo puede ser.


 

En 2007 el brigadeiro estrapolou las bandejas de las fiestas de cumpleaños y conquistó definitivamente el papel protagonista. Docenas de nuevos sabores, ingredientes de alta calidad y entregas en formatos diferenciados prestan hoy al brigadeiro un distinguido apellido: GOURMET .

​​Me hubiese gustado poder contarles un hermoso cuento sobre cómo llegó “Negrito” a mi vida y por qué valoro tanto su calidad; hubiese sido mágico poder contarles cuentos con abuelos cómplices de travesuras, grandes haciendas, momentos de la infancia que todo niño soñaría con tener o cualquiera destos recuerdos que ya se encuentran en sepia... pero mi historia tiene una amplia paleta de contrastes y colores; colores fuertes, que vibran y colores débiles, casi borrados,...
 
Porque ésta es una historia de superación.

Hace un tiempo me ví en uno de esos días donde descubrí que la vida que había construido con tanto trabajo y años, años de dedicación y compromiso, ya no me hacían feliz. Estaba sola y me sentía más sola aún, a pesar que a mi lado hubiera miles de personas. Conocía ya por dónde iba a seguir mi camino, pero sabía que ya no debía ser éste mi destino. Junté todo el coraje que nunca tuve y con el poco de fuerzas que todavía me quedaba, fui a buscarme a mí misma. Viajé, me perdí, regresé y acabé encontrando a una grande parte de mí misma en el corazón de otra persona. Junto a él, seguí buscando las partes que todavía me hacían falta. Así fué que llegamos a Santiago.

Aquí, las nuevas incertidumbres, el miedo de mirar otra vez al vacío y el sabor a nostalgia, me hicieron darme cuenta que, de hecho, no faltaba nada. Yo estaba completa.
En la cocina de nuestra casa con una olla de hierro en el fuego y una cuchara de madera en la mano, la sensación que tengo es de paz; mezclando suavemente los ingredientes, moldeando dulcecito a dulcecito hasta la perfección y finalizando con el lazo de los envases, me siento completamente feliz.

Ahora, éste es un cuento de amor.
Espero que lo disfruten.​